Otoño en Ciro y Lola

Vaya, el puente de El Pilar ya ha llegado a su fin. La valoración ha sido muy buena. Hemos disfrutado de un tiempo estupendo en nuestro refugio guadalajareño, con risas con amigos y paseos por el campo (eso sí, con la ausencia casi absoluta de las codiciadas setas de cardo). También pasamos un rato entretenido con una de las tradiciones que más me gustan de mi pueblo: El Remate. Se trata de una subasta popular en la que cada uno aporta lo que quiere y luego, en presencia de todo el pueblo, se puja por lo que más te interesa. Siempre son divertidos los piques por algunos de los lotes, como el centro de flores que este año presentó mi amigo Pablo (todo un artistazo del tema) o el del libro que llevó una servidora. El dinero recaudado va para la cofradía de la villa, que este año lo dedicará a solucionar los problemas de humedades que hay en la ermita.

Antes de volver a Madrid, quisimos sacarnos una espinita clavada que teníamos desde este verano, y que consistía en probar la comida del restaurante Ciro y Lola, situado en el hotel Cardamomo de Carabias. Todo el mundo nos había hablado muy bien de su cocina, pero durante nuestras pasadas vacaciones nos había sido imposible reservar una mesa ya que la demanda era alta. Sin embargo, aprovechando que este lunes era laboral para muchos pero no para nosotros, para allá que nos fuimos.

Iglesia del Salvador de Carabias (Guadalajara).
Una de la joyas que esconde Carabias, su iglesia del Salvador, datada en el siglo XIII. / Foto: Santi Mendiola.

Para empezar, comentar que la visita a Carabias, pedanía de Sigüenza, ya merece la pena por sí sola. Solo su iglesia románica del Salvador, fechada en el siglo XIII,  ya es una maravilla, pero además se puede disfrutar de sus vistas inmensas a la vega y de la tranquilidad de su ambiente, que solo se rompe con el sonido del agua de la fuente al caer. En este paraje encantador se encuentra Ciro y Lola, un local que continúa con esa línea marcada por el pueblo, dirigida al relax y la vida tranquila. Así lo demuestran su exquisita decoración, con detalles como la mesa de té de estilo marroquí de la escalera, el piano de cola de la entrada o las figuras orientales que flanquean una de las mesas del recibidor, así como el precioso ventanal con vistas al campo de su terraza interior.

Mesa de té.
Cualquier lugar es bueno para un detalle decorativo en Ciro y Lola, como esta mesa de té de estilo marroquí en el hueco de la escalera.

Los niños son bien recibidos en este restaurante, como lo demuestran el buen trato que el camarero dio a nuestra peque y la presencia de platos infantiles en la carta, aunque nosotros nos inclinamos por los platos «para mayores». Para compartir, nos decidimos democráticamente por las croquetas, de las que se comen prácticamente de un solo bocado, con una suave bechamel y con sabores variados. A cada uno nos gustó un tipo: las de pescado, las de cocido, las de queso…

Croquetas variadas
En la ración vienen más, pero una vez más no nos dio tiempo a hacerles la foto… ¡Ñam, ñam!

En los primeros, sin embargo, cada uno tiró por sus gustos. A L., la peque, se le van los ojos con la pasta, que en este caso era ideal para comensales de morro fino como ella. Estaba elaborada con harina de espelta y contaba con foie y setas, muy propias de la época. La elección de J., el papá, no iba a ser muy difícil. Donde ve que hay carrilleras ahí está él. Estaban riquísimas, aunque quizá no eran las mejores que hemos comido. Y yo me incliné por el solomillo ibérico con patatas fritas y salsa de queso seguntino -uno de los descubrimientos culinarios de este verano-, plato del que gran parte dio cuenta la más pequeña de la casa.

 

Pasta de espelta con setas, foie y queso.
Una buena elección la de la peque: pasta de espelta con setas, foie y queso.
Carrilleras
Las carrilleras venían acompañadas de un puré de boniato.
Solomillo ibérico con salsa de queso seguntino.
Un solomillo ibérico siempre es un valor seguro, y más si va acompañado por una salsa de queso seguntino.

Y como tanto campo nos despertó el hambre, aún quedó hueco para los postres. A la niña le encanta la tarta de queso, y la de ese día, acompañada con mermelada de frutos rojos, cayó enterita. J. eligió un brownie con helado de vainilla delicioso, de esos en los que te encuentras los trocitos de nueces y que tienen buen equilibrio entre lo caliente y lo frío. Y yo tiré por un postre tradicional de la provincia, el bizcocho borracho, que también estaba muy jugoso y muy rico.

Tarta de queso con mermelada de frutos rojos.
Tarta de queso con mermelada de frutos rojos, un clásico que no suele fallar.
Brownie con helado de vainilla.
El Brownie es un postre quizá ya muy visto, pero por eso no deja de estar bueno.
Bizcochos borrachos.
Si vas a la provincia de Guadalajara no dejes de probar sus riquísimos bizcochos borrachos.

Por añadir algún dato más os diré que la comida la acompañamos con un Ribera del Duero que nos recomendaron allí y que si no recuerdo mal se llamaba La Planta. Constituyó un acompañamiento bien acertado a la comida, al igual que los distintos panecillos que ofrecían. También fue muy agradable el hilo musical, ya que resultó un placer combinar una buena comida con otra de mis pasiones, la música de los ochenta y noventa, con temas de los Rolling, Queen o Sinéad O’Connor. Ah, y una mención especial a los camareros, que fueron sencillamente encantadores.

Ciro y Lola

Hotel Cardamomo

Carabias, Sigüenza (Guadalajara)

Precio por persona: 33€ (con vino y postres)

Puntuación: 8/10

 

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